Política Energética
¿Hora de bajar la regalía?
por Mery Mogollón
(Intopress) En Pdvsa, el ajuste de inversiones se ha convertido en rutina. El enorme gasto gubernamental se cubre con casi la totalidad los ingresos que obtiene la petrolera estatal a través de la exportación de petróleo o del endeudamiento. Mientras las inversiones petroleras bajan, los costos para mantener la producción de crudo suben porque, así como la inflación, una de las más altas en el mundo, afecta a todos los venezolanos también golpea duro a Pdvsa.
A pesar que los precios del petróleo venezolano se han recuperado y para la fecha promedian unos 50 dólares por barril, hay un ambiente de incertidumbre que impide que salga a flote la estrategia petrolera de largo plazo. El negocio petrolero no puede verse con “miopía y cortoplacismo”. Hay que planificar en función a la calidad y cantidad de las reservas petroleras del país.
El futuro de Venezuela como país exportador de petróleo se encuentra en los crudos pesados, pues las reservas de medianos y livianos apenas alcanzan para unas décadas. Desde los años veinte el país ha sido uno de los más importantes exportadores de energía fósil, pero sin las inversiones adecuadas este status puede cambiar en un plazo relativamente corto. Esta fue una de las razones por las cuales en 1990 se comenzó a planificar el desarrollo de la Faja del Orinoco. El proceso no fue fácil, especialmente porque los precios del crudo para esa época fluctuaban entre 12 y 14 dólares. El ingreso petrolero era insuficiente para cubrir el gasto del Estado. Simplemente, no había flujo de caja para invertir en el principal negocio del país.
Para que se materializaran las cuatro asociaciones en la Faja del Orinoco, que hoy producen unos 600.000 barriles de crudo mejorado, fue necesario ir a un debate nacional, ofrecer un marco legal e impositivo estable para los inversionistas y aprobar los contratos entre Pdvsa y las empresas privadas en todas las instancias. Diez años más tardó la construcción de los cuatro proyectos de la Faja del Orinoco. Sin planificación hubiese sido imposible materializar estos proyectos.
Desde 1999 Pdvsa ha dado a conocer una media docena de planes de negocio. La más reciente versión llamada Siembra Petrolera 2007/2013 ratifica la estrategia de continuar el desarrollo de la Faja del Orinoco. Bajo otras condiciones y con otros actores, la Faja espera por nuevas oportunidades. Esta segunda fase, con menos debate y escrutinio público, también ha sido lenta, aunque definitivamente los pronósticos de precios son excelentes. Además, como bien dicen los propios inversionistas interesados: “en la Faja no hay riesgo, se sabe que el petróleo está allí a unos pocos metros bajo la superficie”.
Entonces, qué falta para que se concreten los negocios? Al igual que en la década de los noventa los proyectos requieren cuantiosas inversiones. No es suficiente que el petróleo exista, pues esa masa de crudo pesado y corrosivo hay que moverlo y mejorarlo para que pueda ser comercializado en los mercados internacionales.
Las empresas petroleras nacionales o privadas están acostumbradas a trabajar en todo tipo países, así que la incertidumbre política no es una de las primeras cuestiones a tomar en cuenta. En la decisión para invertir en Venezuela inciden los enormes costos de producción: impuestos, inflación, contratación colectiva, restricción de divisas, insuficiente infraestructura de servicios, inseguridad personal y legal. La licitación del campo Carabobo en la Faja del Orinoco se ha suspendido en tres oportunidades. Los potenciales inversionistas no parecen apurados en comprometer las grandes sumas que se requieren. Con los cuatro primeros proyectos fue necesario rebajar la regalía para que los cálculos de retorno de la inversión fuesen atractivos. Quizás es hora de rebajar nuevamente la regalía para que las inversiones se materialicen y Venezuela tenga claro su panorama futuro como país exportador de petróleo, sin comprometer la soberanía.
Oct 2009